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domingo, 18 de julio de 2010

El matrimonio entre personas del mismo sexo Un avance en los derechos democráticos


Concientes de las limitaciones que este tipo de leyes tienen en una sociedad atrasada y dependiente como la nuestra, hay que considerarlas un avance, ya que permiten, además del derecho a contraer matrimonio, beneficios en todo lo que hace a los aspectos previsionales, licencias especiales y extraordinarias, asignaciones familiares y de cobertura de obras sociales, acceso al crédito conjunto e incluso a las deducciones correspondientes al impuesto a las ganancias. Particularmente con esta ley se habilita la adopción por parte de las parejas homosexuales, quedando los niños nacidos de una relación heterosexual o por fertilidad asistida (en el caso de las mujeres) o adoptados –aceptados como hijos de ambos contrayentes–, en igualdad de derechos con los hijos de matrimonios heterosexuales o extramatrimoniales (cuyo reconocimiento legal recién se logró a mediados del siglo XX). Lo que implica además la paternidad compartida, derecho que tantos años llevó conquistar al movimiento de mujeres.
Todo esto muestra el peso de la “institución matrimonial” en nuestra sociedad, en la obtención de derechos elementales para las parejas y sus hijos, que muchas veces por no estar casadas según la ley, ven dificultado su acceso a la salud, la educación, el trabajo o la vivienda. Y en relación a la legalidad burguesa imperante, el matrimonio es fundamental a la hora de determinar la propiedad de los bienes, y la herencia.
Los Kirchner, hábilmente, se han puesto en defensores del “matrimonio gay”, luego de haber pateado durante años propuestas de leyes similares.
Les sirve para polarizar con sectores que tienen posturas tremendamente reaccionarias en este tema, corriendo del centro de la escena política temas “peligrosos” para su gobierno, como el desboque inflacionario, o el seguro veto al 82% móvil para los jubilados.