“Sueños compartidos”: usufructo de la impunidad- Por Diana Kordon
Las noticias aparecidas en las últimas semanas sobre graves hechos que comprometen a las Madres de Plaza de Mayo y que están en las antípodas de su trayectoria ética, nos conmueven y nos demandan un posicionamiento.Cuando ya es imposible ocultar lo que en realidad es la punta del iceberg del escándalo de los negociados y la corrupción que involucra a la Fundación Madres de Plaza de Mayo y al Gobierno, el montaje oficialista pretende circunscribirlo al ex apoderado de la institución.
El “caso Schoklender”, por el contrario, constituye un verdadero analizador que permite acceder a la esencia de la política de cooptación del gobierno de los Kirchner. Este gobierno ha desarrollado dicha estrategia, manipulando las necesidades populares para favorecer a ciertas empresas y negocios y repartir cargos públicos, con fondos del Estado, a cambio de apoyo político.
A los efectos de conformar un escenario que le permitiera legitimarse, puso el foco en los organismos de derechos humanos y muy especialmente, como lo explicita con cinismo José Pablo Feinmann, en Hebe Bonafini. Para garantizarse gobernabilidad y terminar con la histórica experiencia de las asambleas populares surgidas del 2001, Kirchner aterrizó en un movimiento al que siempre había ignorado, utilizó la lucha contra la impunidad y el reconocimiento nacional e internacional de las madres y en esta misma perspectiva, no vaciló en dividir el movimiento de derechos humanos.
El blanqueo del entramado económico entre el gobierno y la Fundación, articulado por millonarios subsidios salidos de los ministerios K, pone en evidencia que la simbiosis Kirchner-Bonafini no es simplemente un acuerdo político sino que la cooptación tiene una base material. En este caso, incorpora, de hecho, a la Fundación Madres de Plaza de Mayo al grupo empresarial que se ha beneficiado durante este período. Esta empresa constructora no dudó en utilizar “la patota”, marca registrada del kirchnerismo, para intimidar a quienes trabajaban en sus obradores.
